jueves, 17 de enero de 2013

Viajamos con el pelón a... LA ALSACIA Y SELVA NEGRA. Etapa I: Colmar

Hace un mes, justo antes de navidades, hicimos nuestro primer viaje fuera de España con el pelón (a partir de ahora P). Aunque en su corta vida ya ha viajado bastante por España, teníamos muchísimas ganas y a la vez inquietud con este viaje y con ver cómo nos enfrentábamos a él, ya que siempre hemos sido muy viajones.
Lo primero que cambió fue la elección del destino, antes el Papá con la L y yo cuando juntábamos unos días de vacaciones y cuatro durillos nos sentábamos delante de la web de Skyscanner y mirábamos destinos no conocidos que salieran bien de precio, elegíamos y p'allá que íbamos! Ahora necesitábamos encontrar una zona que nos apeteciera conocer y que además fuera cómoda para P, tranquila a la hora de excursionear y que se pudiera disfrutar sin prisas.
 Cogimos un vuelo al EuroAeropuerto y desde allí alquilamos un coche para visitar en 8 días Colmar, Estrasburgo y Friburgo. Teníamos muchas ganas de conocer la zona de la Alsacia y la Selva Negra, con tanta tradición navideña, en estas fechas.

Después del "primer vuelo de P" recogimos el coche de alquiler. Escogimos un todoterreno con buen maletero para ir cómodos y seguros, ya que todos sabemos la de bártulos que necesita un bebé y allí era temporada de nevadas. Tuvimos la gran suerte de que al gerente de la compañía de alquiler le caímos en gracia (nos atendió un chico mejicano encantador) y nos dejaron estrenar un coche y el Maxicosi! Yo iba preparada con una fundita casera hecha con una gasa porque soy un poco escrupulosa con todo lo de P y no me hizo falta porque lo desembalamos nosotros. Mientras el Papá se las entendía en el mostrador yo le daba la teta al chico para que en el coche fuera tranquilito, y pusimos rumbo a Colmar (eso son unos 40 minutos aprox.) Llegamos al hotel, habíamos reservado uno que estaba bastante céntrico, bien situado para poder ir caminando a los sitios de interés y poder prescindir del coche, el Hotel Bristol, de Best Western, una cadena que suele cubrir bastante bien nuestras expectativas con una buena relación calidad- precio en los países que la hemos probado. Según llegamos hicimos el 'check in' y P empezó a desesperarse (hasta entonces un bendito), le saqué del coche y le desabrigué ( luego os cuento lo preparado que iba para el frío...) y me lo llevé a ver un gran árbol que había en la recepción que le mantuvo bastante entretenido con tanta lucecita :) Ahí empezó a descubrir su primera Navidad...

Estación de Trenes de Colmar, enfrente del hotel.

Subimos a la habitación, hicimos las fotos de rigor (somos muy de fotos, nos encanta poder acordarnos de todo con detalle y ahora con el baby más!) y nos pusimos a enseñarle la habitación. Le encanta que le cojas, le pasees y le enseñes todo, es un pequeño cotilla y os puedo asegurar que no pierde detalle!
Después bajamos a cenar al restaurante del hotel, que además de ser uno de los más recomendados, era precioso, la decoración muy típica de la zona y resultaba muy acogedor, tanto por el entorno como por la amabilidad de su personal. La pega... Que estaba hasta la bandera! Y aunque nuestra silla es súper cómoda y manejable se hace estrecho, aunque luego descubriríamos que era el más amplio que íbamos a encontrar con mucha diferencia por la zona.
Respecto a la habitación de Colmar, era un poco pequeña, encima con la cuna y la sillita de P lo era aún más y lo que menos me gustaba es que la puerta de entrada es de esas que 'pesan' y se cierran solas tras tu paso, así que con un carrito resulta bastante incómoda, aunque subsanable si vais dos y uno sujeta la puerta! La cuna que nos pusieron en la habitación fue una decepción, porque la vi un poco incómoda, el colchón era nulo y además la ropa de cuna era ropa de cama doblada, con lo que me daba miedo que se ahogara. Además estaba en los pies de nuestra cama, yo estoy acostumbrada a tenerlo a mi ladito y en una cuna de colecho y esa distancia, de momento, se me hace insalvable, más por mi comodidad y por mi sueño que por otra cosa, lo reconozco... Total! Que acabó durmiendo en nuestra camita y la mar de bien, con la teti fuera y barra libre nocturna dormimos los dos la noche del tirón. 

Allí los horarios, como en la mayor parte de Europa difieren un poco, se come y se cena muy pronto y hay que madrugar para aprovechar bien el día! Así que el Papá con la L y yo adaptamos esta vez nuestros biorritmos a los del pelón y a las 9 y media estábamos ya en la camita. 
A la mañana siguiente desayunamos allí. Los desayunos del hotel eran en el mismo restaurante donde cenamos la noche anterior, que lo cerraban al público por las mañanas. Así sí era una gozada... Podíamos hasta mecer el carrito! El personal no paraba de decirle cositas a P y de intentar agradarnos y él no paraba de reírse(Aún no sabemos por qué extraña razón le hacía tanta gracia oir hablar en francés).

Semanas antes, planeando el viaje y viendo las bajas temperaturas, estuve investigando sacos chulos para adaptar en la Babyzen Yoyo. Como coche principal tenemos un Bugaboo Camaleón que nos ha dejado mi encantadora prima (gracias, reina!) con sus sacos molones, pero no se adaptan bien a otro coche, así que al tener que comprar uno miré mucho antes de decidirme y creo que acerté de lleno. Pedí en Amazon el saco Eskimo de Red Castle, que además de ser un montón de abrigadito, es evolutivo y se adapta al tamaño del niño. Ah! Y le envuelve la cabeza! Que para las que tenemos un hijo pelón es importante ;)

No sabía qué ritmo cogería P en las vacaciones, me preocupaba que se pusiera a llorar por la calle porque con el frío no iba a ser tan fácil calmarle, no le podríamos sacar y si se nos daba mal me daba la sensación de que no nos daría tiempo a disfrutar mucho del viaje porque tendríamos que ir haciendo paradas estratégicas. Después de comerme la cabeza a lo tonto, P superó cualquier expectativa, estaba súper emocionado en el hotel, descubriendo espacios nuevos, gente desconocida que no paraba de decirle cosas, luces decorando todo lo que le rodeaba... No cerraba los ojos desde que se despertaba ni para pestañear! Así que le dejábamos disfrutar de todo eso y nosotros también disfrutábamos del confort del hotel y de un poquito de relax mañanero turnándonos con él y cuando empezábamos a notar que tenía sueño y se ponía pesadete, le metíamos en el carro y a correr! Era sentir el traqueteo de las piedras (benditas calles empedradas) bajo sus ruedas y caía rendido hasta que parábamos para comer. Así que nos dejó disfrutar sin prisa de todo, tanto el Papá como yo estábamos alucinados de lo bien que se estaba portando el pequeño callejero viajero...



Colmar es una pequeña ciudad alsaciana con un centro precioso. En estas fechas el espíritu navideño la invade y hacen de ella un gran Mercado de Navidad que se multiplica en los pequeños pueblos de sus alrededores. Todo parece de cuento, cada casita, cada tejado, cada fuente crees que es la más bonita que verás hasta que ves la siguiente...



La Alsacia huele a 'Nöel', a 'Vin chaud', a 'Jus de pomme'... La canela, el clavo, los cítricos y la manzana saben mejor cuando te devuelven el calor en cuanto tienes el vaso en tu mano.



Nos perdimos por sus calles y sus mercados y disfrutamos como niños de una Navidad adelantada.

Estábamos tan entusiasmados en nuestro primer día que nos llegó la una y media sin darnos cuenta y sin haber comido... Y ahí empezó el problema, eso alli es muy tarde para comer! Elegimos el restaurante que más nos gustó por su aspecto y su carta y entramos. Nos daban mesa, pero justo a la entrada, en la puerta, que estaba protegida de la corriente por una cortina de tela, y cuando en la calle están a -5º C y tienes un bebé no te parece la mejor opción. Intentamos ver si había alguna otra posibilidad y ya descubrimos que en los restaurantes del centro turístico de Colmar no son especialmente 'Baby-Friendly', bueno, en realidad lo que menos les gusta es la idea de que les ocupes el restaurante con tu silla de paseo y te destierran con la mirada antes de que entres.
Probamos en dos restaurantes más, que nada más vernos nos dijeron que estaban completos. Ya empecé a mosquearme, pero sobretodo a agobiarme, porque el hotel estaba a un buen paseo y P iba a despertarse con un ataque de hambre en cero coma. Todavía recibimos otras dos negativas, esta vez sí comprobamos que estaban a tope, porque eran sitios extremadamente pequeños. 

Por fin entré en un restaurante en el que un afable lugareño me dijo que su familia y él ya se iban y que ocupara su mesa (creo que me vio la cara y le di un poco de lástima, yo o el pequeño bebé con orejas de oso polar que empezaba a reclamar lo que era suyo). Se acercó el dueño y me dijo que sí pasábamos ahí con la silla no le dejábamos espacio (en cualquier otra situación le habría dejado ahí con un par de palabritas (brotas), pero necesitaba esa mesa!) Y saqué a P con una mano con saco molón incluido, en la otra el cerro de bolsas de tontás que como buenos turistas llevábamos y en el hombro el bolso cambiador (todo eso con P berreando como si no hubiera mañana, rojo como el vin chaud y bailando la danza de la liberación para salir de su cárcel calentita), mientras el Papá con la L le mostraba al 'amable' hostelero que nuestra maravilla de silla ocupaba plegada menos que un bolso, con el plastico de lluvia en la boca y con el plumas y el gorro puesto... Parece que le convenció, eso o que yo ya había puesto al osito rabioso encima de la mesa para quitarle el saco, el abrigo de oso, el gorro y la bufanda... Y a menos capas, más se oían los gritos! Todavía no sé en qué momento ni en qué orden me quité el plumas y me saqué la teta, pero se hizo el silencio! 'Deux Tartes Flambeés, si vous plait!'
Qué bien comimos! La Tarte Flambeé es una especie de pizza con una masa más fina y más crujiente, sin mozzarela y con crema agria y la tradicional lleva una especie de bacon ahumado con cebolla. Buenísima y muy económica.



También tienen tartes flambeés dulces, de plátano, de manzana y de plátano con manzana! (Muy arriesgados estos alsacianos...) Están de rechupete! Eso sí, canela a exportar! Yo no soy muy de canela, pero he de decir que allí me sabía buenísima :)

Disfrutamos de una comida larga y tranquila para atender al pequeño, jugamos un rato con él y el siguiente problema era el cambio de pañal! Como buen restaurante 'No-Baby-Friendly' no tenía cambiadores. Nuestra silla plegada, el baño enano... Total, que como ya habíamos comido los tres, me lié la manta a la cabeza, y sin mirar a mi alrededor tumbé a P en mi sillón entre la pared y yo, y allí mismo le dejé más limpio que un jaspe! Por suerte no había número 2. Me lo puso fácil...
El camino de vuelta fue más cortito, pero antes de subir a la habitación cogimos el coche y nos fuimos a un súper (Hiper U) para comprar pañales, toallitas y cambiadores desechables para P y algo de cenita para nosotros. Por si tenéis pensado viajar por la zona indicaros que la marca Pampers es Dodot y que lo único a tener en cuenta es que el tallaje varía porque los pesos oscilan un poco, P en España usa una talla 3 y allí, por la tabla de pesos, era la 4.



Pusimos rumbo al hotel y a descansar! Esta sería nuestra última noche en Colmar.

A la mañana siguiente dejamos tempranito el hotel y aprovechamos nuestro viaje a Estrasburgo para hacer dos paradas IMPRESCINDIBLES, ya que me parecieron los dos pueblos más bonitos de todo el viaje: Eguisheim y Riquewihr. Están muy cerca de Colmar, a no más de quince minutos en coche y aunque son muy pequeñitos tienen un tremendo encanto.
No sé cómo estarán en otras épocas del año, pero a nosotros nos recibieron con una estampa de nieve, luces de colores, sonidos de villancicos y mercadillos con puestecitos de madera hechos con un gusto espectacular... Cada comerciante se esmera en que su puesto sea el más bonito y al final llegas a estar tan sobrepasada, que en tu aturdimiento navideño no sabes a cuál acercarte!
Equisheim es conocido como "El pueblo circular", ya que sus casas están dispuestas de forma que las calles del centro forman círculos concéntricos. Es muy curioso recorrerlas andando y complicado perderse!
De Riquewihr comentan en las guías de viaje que es el pueblo con las casas más bonitas de toda la Alsacia. Una vez me vi allí me recordaba al pueblo de Bella (La Bella y la Bestia versión Disney), os acordáis?









 El viaje hasta Estrasburgo se hizo corto gracias a los maravillosos paisajes que recorrimos y a que el pelón iba canturreando y jugando y nos mantuvo entretenidos.

Lo primero que descubrimos de la ciudad al llegar es que tenía una hora punta complicada y que el caos circulatorio no entiende de regiones ni franjas horarias, el resto... Os lo contaré en otro post!
:)

(Continuará...)


2 comentarios:

  1. Joder nena vaya tela de viaje, que chulo y que atrevidos por salir fuera y con este frío con el pelón!! Os admirooooooo!! A nosotros nos encanta viajar pero todavía no nos atrevemos a coger un avión, nos da un poco de reparo no se por que. Todo será ponerse. Esa zona nos encanta, tenemos amigos por allí y el año pasado estuvimos por Navidad, es una pasada! Nada ya estoy deseando ver la siguiente parte para seguir tomando nota :)
    Besos

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  2. Gracias reina! Pues ya estáis tardando!!! A volar!! Hasta el pediatra me dijo que es más fácil viajar ahora que llevas la comida puesta ;) Ahora en serio, es más complicado en nuestras cabezas!
    Con lo del frío me agobié un poco, tanto que un día me pasé de abrigarle y el pobre estaba como un pollito! Pero nada, ni un estornudo!! No lo hicimos mal :P
    Muchos besiiiiiitos!

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